Solemnidad de la Epifanía del Señor

La Epifanía es la fiesta de la manifestación de Cristo a todos los pueblos. Hoy celebramos que Jesús no es solo para unos pocos, sino luz para todas las naciones. Los Magos, guiados por una estrella, representan a la humanidad en búsqueda: hombres que salen de sí mismos, que leen los signos del cielo y del corazón, y que no se conforman hasta encontrar la Verdad.

En esta solemnidad, la Iglesia nos invita a ponernos en camino, a dejar seguridades y a seguir la estrella que Dios pone en nuestra vida. La Epifanía es una llamada a la adoración, pero también al compromiso: quien se encuentra con Cristo ya no puede volver por el mismo camino.

Que esta Palabra ilumine nuestro día y nos ayude a reconocer al Señor presente en lo pequeño, en lo sencillo, en lo que a veces pasa desapercibido.


✨ Festividad del día: Epifanía del Señor


Primera Lectura

Isaías 60, 1-6

Levántate, brilla, porque llega tu luz;
la gloria del Señor amanece sobre ti.
Mira: las tinieblas cubren la tierra,
la oscuridad cubre a los pueblos,
pero sobre ti amanecerá el Señor,
y su gloria se verá sobre ti.

Caminarán los pueblos a tu luz,
los reyes al resplandor de tu aurora.
Levanta los ojos y mira alrededor:
todos se reúnen y vienen hacia ti,
tus hijos llegan desde lejos,
a tus hijas las traen en brazos.

Entonces lo verás radiante de alegría,
palpitará y se ensanchará tu corazón,
porque la riqueza del mar vendrá hacia ti,
llegarán a ti los tesoros de los pueblos.
Te inundará una multitud de camellos,
dromedarios de Madián y de Efá;
todos vendrán de Saba trayendo oro e incienso
y proclamando las alabanzas del Señor.

Fuente: Biblia CEE 2010


Salmo Responsorial

Salmo 71 (72)
Antífona: Se postrarán ante ti, Señor, todos los reyes de la tierra.

Dios mío, confía tu juicio al rey,
tu justicia al hijo de reyes,
para que rija a tu pueblo con justicia,
a tus humildes con rectitud.

Que en sus días florezca la justicia
y la paz abunde eternamente.
Que domine de mar a mar,
del Gran Río al confín de la tierra.

Que los reyes de Tarsis y de las islas
le paguen tributo.
Que los reyes de Saba y Arabia
le ofrezcan sus dones.

Que se postren ante él todos los reyes
y que todos los pueblos le sirvan.

Fuente: Biblia CEE 2010


Santo Evangelio

Mateo 2, 1-12

Jesús nació en Belén de Judá en tiempos del rey Herodes.
Unos magos de Oriente se presentaron en Jerusalén preguntando:
«¿Dónde está el rey de los judíos que ha nacido? Hemos visto salir su estrella y venimos a adorarlo».

Al enterarse el rey Herodes, se sobresaltó y con él toda Jerusalén. Convocó a los sumos sacerdotes y a los escribas del pueblo, y les preguntó dónde tenía que nacer el Mesías. Ellos le contestaron: «En Belén de Judá».

Entonces Herodes llamó en secreto a los magos para que le precisaran el tiempo en que había aparecido la estrella, y los envió a Belén diciéndoles: «Id y averiguad cuidadosamente qué hay del niño y, cuando lo encontréis, avisadme para ir yo también a adorarlo».

Ellos, después de oír al rey, se pusieron en camino; y de pronto la estrella que habían visto salir comenzó a guiarlos hasta que se detuvo encima de donde estaba el niño. Al ver la estrella, se llenaron de inmensa alegría.

Entraron en la casa, vieron al niño con María, su madre, y cayendo de rodillas lo adoraron. Luego, abriendo sus cofres, le ofrecieron regalos: oro, incienso y mirra. Y habiendo recibido en sueños un aviso para no volver a Herodes, regresaron a su tierra por otro camino.

Fuente: Biblia CEE 2010


Reflexión para hoy – Martes 06 de enero 2026

La Epifanía nos muestra un contraste muy actual: mientras unos buscan la luz con corazón sincero, otros se inquietan porque esa luz cuestiona su poder. Los Magos representan al ser humano que no se resigna a vivir sin sentido. Observan, interpretan, preguntan, caminan. No tienen la Escritura, pero tienen hambre de verdad. Y Dios sale a su encuentro.

La estrella no les da todas las respuestas, solo les indica la dirección. Así actúa Dios también hoy: no nos resuelve la vida, pero nos orienta. El camino exige movimiento, riesgo y humildad. Por eso, cuando llegan al Niño, no encuentran un palacio, sino una casa sencilla; no un trono, sino un niño en brazos de su madre. Y ahí, precisamente ahí, lo reconocen.

La adoración es el gesto central del Evangelio. Arrodillarse no es humillarse, es reconocer que Dios es Dios y nosotros no. De esa adoración brota el ofrecimiento: oro, incienso y mirra, símbolos de lo que somos y de lo que vivimos. Dios no quiere cosas, quiere el corazón.

Y el detalle final es clave: regresan por otro camino. El encuentro con Cristo siempre transforma. Quien ha visto la luz ya no puede seguir igual. La Epifanía nos pregunta hoy: ¿qué estrella sigo?, ¿qué rey busco?, ¿qué camino nuevo me pide Dios emprender?

Que no tengamos miedo de buscar, de preguntar y de adorar. Porque Dios siempre se deja encontrar por quien lo busca de verdad.

Oración:
Señor Jesús, luz de las naciones,
guía nuestros pasos cuando dudamos,
ensancha nuestro corazón para adorarte
y ayúdanos a volver a la vida cotidiana
transformados por tu presencia. Amén.

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