Seguimos caminando en el tiempo de Navidad, un periodo que no solo celebra un acontecimiento pasado, sino una realidad viva: Dios sigue saliendo al encuentro del ser humano. En este día, la Palabra nos invita a profundizar en la identidad cristiana como hijos de Dios, a reconocer la voz auténtica del Espíritu en medio de tantas voces y a descubrir cómo Jesús continúa llamándonos por nuestro nombre.
Las lecturas de hoy nos hablan de confianza, discernimiento y llamada. La primera carta de Juan nos recuerda que vivir según el amor de Dios nos da libertad interior y nos permite presentarnos ante Él con un corazón sincero. El salmo proclama la realeza del Señor sobre toda la tierra, mientras que el Evangelio nos muestra un encuentro decisivo: Jesús ve, conoce y llama, incluso antes de que nosotros sepamos quiénes somos del todo.
Este Evangelio es una invitación directa y actual: dejarnos mirar por Cristo, aceptar que nos conoce en profundidad y atrevernos a seguirle sin máscaras. Porque quien se encuentra con Él, descubre que su vida ya no vuelve a ser la misma.
Primera Lectura
Lectura de la primera carta del apóstol san Juan
1 Juan 3, 22 – 4, 6
Hermanos:
Todo lo que pidamos lo recibiremos de Él, porque guardamos sus mandamientos y hacemos lo que le agrada. Y su mandamiento es este: que creamos en el nombre de su Hijo Jesucristo y que nos amemos unos a otros, tal como Él nos lo mandó.
Quien guarda sus mandamientos permanece en Dios, y Dios en él; y en esto conocemos que permanece en nosotros: por el Espíritu que nos ha dado.
Queridos míos, no os fiéis de cualquier espíritu, sino examinad si los espíritus vienen de Dios, porque muchos falsos profetas han salido al mundo. En esto reconoceréis el Espíritu de Dios: todo espíritu que confiesa que Jesucristo ha venido en carne es de Dios; y todo espíritu que no confiesa a Jesús no es de Dios.
Vosotros sois de Dios, hijos míos, y los habéis vencido, porque el que está en vosotros es más grande que el que está en el mundo.
Salmo Responsorial
Salmo 2
Tú eres mi Hijo, yo te he engendrado hoy.
¿Por qué se amotinan las naciones
y los pueblos planean empresas inútiles?
El que habita en el cielo sonríe,
el Señor se burla de ellos.
Yo mismo he establecido a mi Rey
en Sión, mi monte santo.
Voy a proclamar el decreto del Señor:
“Tú eres mi Hijo, yo te he engendrado hoy”.
Santo Evangelio
Lectura del santo Evangelio según san Juan
Juan 1, 43-51
En aquel tiempo, determinó Jesús ir a Galilea, y se encontró con Felipe, y le dijo: «Sígueme». Felipe era de Betsaida, ciudad de Andrés y Pedro.
Felipe encontró a Natanael y le dijo: «Hemos encontrado a aquel de quien escribieron Moisés en la Ley y los Profetas: a Jesús, el hijo de José, de Nazaret». Natanael le respondió: «¿De Nazaret puede salir algo bueno?». Felipe le contestó: «Ven y verás».
Jesús vio que se acercaba Natanael y dijo de él: «Ahí tenéis a un israelita de verdad, en quien no hay engaño». Natanael le preguntó: «¿De qué me conoces?». Jesús le respondió: «Antes de que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, te vi».
Natanael contestó: «Rabí, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel». Jesús le respondió: «¿Porque te he dicho que te vi debajo de la higuera crees? Verás cosas mayores». Y añadió: «En verdad, en verdad os digo: veréis el cielo abierto y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre».
Reflexión para hoy 5 de enero
El Evangelio de hoy nos presenta uno de los encuentros más bellos y profundos del inicio de la vida pública de Jesús: el diálogo con Natanael. Es un encuentro marcado por la mirada. Jesús no solo ve a Natanael físicamente; lo conoce por dentro, reconoce su verdad, su deseo sincero, su búsqueda silenciosa bajo la higuera. Y eso lo cambia todo.
Muchas veces pensamos que para acercarnos a Dios tenemos que tenerlo todo claro, creer sin dudas o mostrarnos “correctos”. Natanael no es así. Es crítico, desconfiado, incluso irónico: «¿De Nazaret puede salir algo bueno?». Y, sin embargo, Jesús no lo rechaza. Al contrario, lo acoge tal como es y lo llama desde ahí.
Este pasaje nos recuerda que la fe no nace de argumentos perfectos, sino del encuentro personal. Felipe no discute con Natanael; simplemente le dice: «Ven y verás». Esa es también la invitación de Jesús hoy: no tengas miedo de acercarte, de mirar, de dejarte mirar.
En nuestra vida cotidiana, entre rutinas, preocupaciones y ruido interior, Jesús sigue pasando y sigue llamando. Nos conoce mejor de lo que nos conocemos nosotros mismos. Ve nuestras dudas, nuestras heridas y también nuestro deseo profundo de verdad.
Creer es atrevernos a responder a esa mirada y dar un paso más, confiando en que, si caminamos con Él, veremos “cosas mayores”.
Señor Jesús, enséñanos a dejarnos mirar por Ti,
a escucharte cuando nos llamas
y a seguirte con un corazón sincero y disponible.
Amén.