Tocar el borde del manto: la fe que restaura y sana

En el Evangelio del día, contemplamos a un Jesús que no descansa en su deseo de sanar. Al llegar a Genesaret, la gente lo reconoce de inmediato y le trae a sus enfermos. El pasaje nos revela una fe sencilla pero inquebrantable: aquellos que lograban tocar tan solo el borde de su manto, quedaban curados. Una invitación a reconocer nuestra propia necesidad de ser sanados y a buscar ese encuentro personal con el Maestro que transforma nuestra debilidad en vida nueva.


Evangelio del día 09 de febrero de 2026

Primera Lectura

La creación del mundo y del hombre

Génesis 1, 1-19

Al principio creó Dios el cielo y la tierra. La tierra era un caos informe; sobre el abismo reinaba la tiniebla y el espíritu de Dios planeaba sobre las aguas.

Dijo Dios: «Exista la luz». Y la luz existió. Vio Dios que la luz era buena, y separó Dios la luz de la tiniebla. Llamó Dios a la luz «día» y a la tiniebla llamó «noche». Pasó una tarde, pasó una mañana: el día primero.

Dijo Dios: «Haya un firmamento que separe las aguas». Y así fue. Dios hizo el firmamento y separó las aguas de debajo del firmamento de las aguas de encima. Dios llamó al firmamento «cielo». Pasó una tarde, pasó una mañana: el día segundo.

Dijo Dios: «Acumúlense las aguas bajo el cielo en un solo lugar y aparezca lo seco». Y así fue. Dios llamó a lo seco «tierra» y a la masa de las aguas llamó «mar». Vio Dios que era bueno.

Dijo Dios: «Verdee la tierra hierba verde que dé semilla y árboles frutales que den fruto». Y así fue. Vio Dios que era bueno. Pasó una tarde, pasó una mañana: el día tercero.

Dijo Dios: «Hayan lumbreras en el firmamento para separar el día de la noche y sirvan de señales para las festividades, los días y los años». E hizo Dios las dos lumbreras grandes y las estrellas. Vio Dios que era bueno. Pasó una tarde, pasó una mañana: el día cuarto.


Salmo Responsorial

Salmo 103, 1-2a. 5-6. 10 y 12. 24 y 35c

R. Bendice, alma mía, al Señor.

Bendice, alma mía, al Señor: ¡Señor, Dios mío, qué grande eres! Te vistes de belleza y majestad, te envuelves en luz como en un manto. R.

Asentaste la tierra sobre sus cimientos, no vacilará jamás. La cubriste con el manto del océano, y las aguas se detuvieron en las montañas. R.

De los manantiales sacas los ríos que fluyen entre las montañas. En sus riberas habitan las aves del cielo, entre las ramas se oye su canto. R.

¡Qué variadas son tus obras, Señor, y todas las hiciste con sabiduría! La tierra está llena de tus criaturas. ¡Bendice, alma mía, al Señor! R.


Santo Evangelio

Los que tocaban el borde de su manto se curaban

Marcos 6, 53-56

En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos terminaron la travesía y llegaron a tierra en Genesaret y atracaron.

Apenas desembarcaron, la gente lo reconoció y empezaron a recorrer toda aquella región, y comenzaron a traer a los enfermos en camillas adonde oían que él estaba.

En cualquier lugar donde entraba, ya fueran aldeas, ciudades o campos, ponían a los enfermos en las plazas y le rogaban que les dejase tocar siquiera el borde de su manto; y cuantos lo tocaban quedaban sanos.


Reflexión para hoy

El texto de hoy nos muestra una imagen vibrante y llena de esperanza: la proximidad de Dios. El Génesis nos recuerda que Dios es el autor de la armonía, aquel que pone orden en el caos y crea la luz donde hay tiniebla. Pero ese Dios creador de las galaxias no es un Dios lejano; en el Evangelio lo vemos «desembarcar» en nuestra realidad cotidiana, en nuestras plazas y aldeas.

Lo que más me impacta de este pasaje es la urgencia de la gente. En cuanto lo reconocen, corren. Hay un hambre profunda de plenitud, una conciencia clara de que solo en Él hay sanación. La escena de las plazas llenas de camillas es una metáfora de nuestra propia vida: todos llevamos «enfermos» en el corazón (miedos, heridas, cansancios) que necesitan ser expuestos a la mirada de Cristo.

Aquella gente no pedía grandes discursos ni milagros espectaculares; pedían simplemente «tocar el borde de su manto». Es la fe de lo pequeño, la fe que sabe que el contacto más mínimo con lo divino es capaz de restaurar lo humano. Hoy, en nuestra vida moderna, a veces buscamos soluciones complicadas a nuestros vacíos, cuando quizás lo que necesitamos es volver a lo esencial: buscar ese contacto diario con Jesús a través de la oración sencilla o la Eucaristía. Él sigue pasando por nuestras ciudades, sigue estando disponible en el hermano y en su Palabra. Basta tocarlo con fe para que su fuerza nos ponga de nuevo en pie.

Señor, hoy me reconozco en esa muchedumbre que te busca. Tengo heridas que necesitan tu caricia y cansancios que solo Tú puedes aliviar. Ayúdame a acercarme a Ti con la confianza de los habitantes de Genesaret. Que al tocarte en los sacramentos y en los que sufren, reciba la fuerza de tu Vida para caminar con alegría.
Amén.

WhatsApp
Facebook
Twitter
LinkedIn
Telegram

Santoral de hoy · 19 de Febrero

San Conrado de Piacenza
Eremita franciscano. Tras causar un incendio accidentalmente, dio su fortuna a los pobres y se retiró al desierto.

Calendario de Evangelios

«

Febrero 2026

»
L
M
X
J
V
S
D
1
2345678910111213141516171819
20
21
22
23
24
25
26
27
28

El Equipo de Curación

Detrás de este portal hay un pequeño equipo de laicos comprometidos con una misión sencilla: hacer que la Palabra de Dios sea accesible y comprensible en el mundo digital. No somos teólogos, sino creyentes como tú. Seleccionamos y cuidamos cada texto diariamente para asegurarnos de que recibes un alimento espiritual de calidad, fiel a la Iglesia pero cercano a tu realidad. Gracias por rezar con nosotros.