En el Evangelio de hoy, Jesús llega a la región de Genesaret, donde la fe de la gente se desborda en una búsqueda incansable de su presencia sanadora. Es un relato de esperanza pura, donde basta un roce, un gesto de confianza absoluta, para que la gracia de Dios actúe en lo más profundo del ser humano. Esta lectura nos invita a reflexionar sobre cómo nuestra propia fe puede ser ese puente que acerque a los que sufren a la verdadera fuente de consuelo. Descubramos juntos cómo, en medio de la cotidianidad, el Señor sigue pasando y aguarda nuestra respuesta de amor y entrega.
Evangelio del día 10 de febrero 26
Primera Lectura
El esplendor de la creación y la presencia de Dios en el Templo
Génesis 1, 1-19
Al principio Dios creó el cielo y la tierra. La tierra era un caos y estaba vacía; las tinieblas cubrían el abismo, mientras el espíritu de Dios se cernía sobre las aguas. Dios dijo: «Que exista la luz», y la luz existió. Dios vio que la luz era buena y separó la luz de las tinieblas. Llamó a la luz «Día» y a las tinieblas «Noche». Pasó una tarde, pasó una mañana: este fue el día primero.
Dios dijo: «Haya un firmamento que separe las aguas de las aguas». Y así fue. Dios hizo el firmamento y separó las aguas que hay debajo de las que hay arriba. Dios llamó al firmamento «Cielo». Pasó una tarde, pasó una mañana: este fue el día segundo.
Dios dijo: «Reúnanse las aguas que están bajo el cielo en un solo lugar y que aparezca lo seco». Y así fue. Dios llamó a lo seco «Tierra» y a la masa de las aguas «Mar». Y vio Dios que era bueno.
Salmo Responsorial
Salmo 103
¡Bendice, alma mía, al Señor! Señor, Dios mío, ¡qué grande eres! Te vistes de esplendor y majestad, te envuelves en luz como en un manto.
Tú asentaste la tierra sobre sus cimientos, y no vacilará por los siglos de los siglos. La cubriste con el océano como con un vestido, las aguas se detuvieron sobre las montañas.
Haces brotar los manantiales en los valles, para que corran entre las montañas. A su orilla habitan las aves del cielo, entre el follaje se escucha su canto.
Santo Evangelio
Marcos 6, 53-56
En aquel tiempo, terminada la travesía, Jesús y sus discípulos llegaron a la tierra de Genesaret y atracaron. Apenas desembarcaron, la gente lo reconoció y empezaron a recorrer toda aquella región, llevando en camillas a los enfermos adonde oían que él estaba.
En cualquier pueblo, ciudad o aldea donde entraba, ponían a los enfermos en las plazas y le suplicaban que los dejara tocar siquiera el flequillo de su manto. Y cuantos lo tocaban quedaban sanos.
Reflexión para hoy
El pasaje de hoy nos sitúa en un escenario de movimiento y urgencia espiritual. No es una fe de escritorio ni de teorías; es una fe que corre, que carga camillas y que se agolpa en las plazas porque ha reconocido la presencia de la Vida entre ellos. Jesús desembarca y, de inmediato, el entorno se transforma en un hospital de campaña donde lo único que importa es la cercanía con el Maestro.
Teológicamente, este texto subraya la encarnación sanadora. Dios no se queda en el cielo contemplando nuestra fragilidad, sino que pone el pie en nuestra tierra, en nuestra «Genesaret» particular. La sanación que ocurre al tocar el flequillo de su manto nos recuerda que los sacramentos y la presencia física de Jesús en la historia tienen un poder real. No es magia; es el encuentro de la miseria humana con la Misericordia divina.
En nuestra vida moderna, a menudo nos sentimos agotados cargando nuestras propias «camillas» de ansiedad, soledad o falta de sentido. La invitación hoy es a ser como aquellos habitantes de Genesaret: reconocer a Jesús en medio de nuestro día a día. ¿Cuántas veces el Señor pasa por nuestra oficina, nuestra casa o nuestro transporte público y no lo reconocemos? Ser un laico comprometido hoy significa ayudar a otros a «tocar el manto», siendo nosotros mismos ese flequillo de ternura y escucha para quien sufre.
Señor, ayúdanos a reconocerte en los hermanos. Danos una fe audaz que no tema acercarse a Ti, y un corazón dispuesto a llevar a otros hacia Tu presencia sanadora. Que hoy podamos tocarte en la oración y ser canales de tu paz para el mundo.
Amén.