Estos son mi madre y mis hermanos: Una invitación a la intimidad divina

Martes de la III Semana del Tiempo Ordinario

En el Evangelio de hoy, martes 27 de enero de 2026, Jesús redefine el concepto de familia. Lejos de rechazar sus lazos de sangre, el Señor abre las puertas de su hogar íntimo a toda la humanidad. Nos plantea una verdad revolucionaria y esperanzadora: la cercanía con Dios no depende de apellidos, herencias o estatus, sino de la escucha y la acción.

La liturgia nos presenta también la alegría desbordante de David danzando ante el Arca, prefigurando ese gozo de estar en presencia del Señor. Hoy descubriremos cómo, en medio de nuestra rutina moderna —entre notificaciones, prisas y responsabilidades—, tenemos la oportunidad real de ser contados entre los íntimos de Jesús. Hacer la voluntad de Dios no es una carga, sino el pasaporte para sentarnos en el «corro» de los amigos de Cristo. Acompáñanos en esta reflexión para redescubrir tu pertenencia a la gran familia del Reino.


Evangelio del día 27 de enero de 2026

Primera Lectura

Segundo libro de Samuel

2 Samuel 6, 12b-15. 17-19

En aquellos días, David fue y transportó con gran alegría el arca de Dios desde la casa de Obededón a la Ciudad de David. Cuando los portadores del arca del Señor habían dado seis pasos, sacrificaba un toro y un carnero cebado. David iba danzando ante el Señor con todas sus fuerzas, vestido solamente con un efod de lino. Así David y toda la casa de Israel subían el arca del Señor entre aclamaciones y al sonido de las trompetas.

Metieron el arca del Señor y la colocaron en su sitio, en medio de la tienda que David había levantado para ella; y David ofreció ante el Señor holocaustos y sacrificios de comunión. Cuando David terminó de ofrecer los holocaustos y los sacrificios de comunión, bendijo al pueblo en nombre del Señor del universo, y repartió a todo el pueblo, a toda la multitud de Israel, hombres y mujeres, una torta de pan, un pastel de dátiles y un pastel de pasas a cada uno. Después todo el pueblo se marchó, cada uno a su casa.


Salmo Responsorial

Salmo 23

R/. ¿Quién es ese Rey de la gloria? Es el Señor en persona.

¡Portones!, alzad los dinteles, que se alcen las puertas eternales: va a entrar el Rey de la gloria.

¿Quién es ese Rey de la gloria? El Señor, héroe valeroso; el Señor, héroe de la guerra.

¡Portones!, alzad los dinteles, que se alcen las puertas eternales: va a entrar el Rey de la gloria.

¿Quién es ese Rey de la gloria? El Señor, Dios del universo, él es el Rey de la gloria.


Santo Evangelio

Evangelio según San Marcos

Marcos 3, 31-35

En aquel tiempo, llegaron la madre de Jesús y sus hermanos y, desde fuera, lo mandaron llamar. La gente que tenía sentada a su alrededor le dijo: —«Mira, tu madre y tus hermanos y tus hermanas están fuera y te buscan».

Él les pregunta: —«¿Quiénes son mi madre y mis hermanos?».

Y mirando a los que estaban sentados a su alrededor, dice: —«Estos son mi madre y mis hermanos. El que haga la voluntad de Dios, ese es mi hermano y mi hermana y mi madre».


Reflexión para hoy

La escena que nos presenta Marcos hoy tiene un sabor muy humano y, a la vez, profundamente divino. Imaginemos la situación: Jesús está en una casa, probablemente abarrotada de gente que busca sanación y palabras de vida. Está tan ocupado sirviendo que su familia carnal, preocupada o simplemente queriendo verlo, se queda fuera.

Aquí surge la gran revelación. Jesús no desprecia a su madre, María —quien es, de hecho, la primera en cumplir la voluntad de Dios (el «hágase» de la Anunciación)—, sino que aprovecha el momento para ensanchar las paredes de la casa familiar. Jesús mira a los que tiene cerca, a esos que están «sentados a su alrededor» escuchándole, y les otorga el título más noble posible: familia.

Para nosotros, hombres y mujeres del siglo XXI, esto es un mensaje de inclusión radical. A veces podemos sentirnos solos en la multitud, desconectados en un mundo hiperconectado, o indignos de acercarnos a lo sagrado. Pero Jesús nos dice hoy: «Si me escuchas y tratas de vivir mi amor, eres de los míos. Eres mi sangre».

¿Cómo aplicamos esto hoy? Ser «hermano, hermana o madre» de Jesús no requiere títulos de teología ni actos heroicos inalcanzables. Se trata de la fidelidad en lo pequeño:

  • Es esa paciencia que tienes con un compañero de trabajo difícil.
  • Es la honestidad al cobrar un servicio.
  • Es el tiempo que dedicas a escuchar a un amigo, apagando el móvil.
  • Es la oración sencilla al empezar el día ofreciendo tu jornada.

Esa es la «voluntad de Dios»: amar donde estás plantado. Al hacerlo, la distancia entre el cielo y la tierra se borra, y te conviertes en hogar para Cristo.

Señor Jesús, gracias por invitarme a ser parte de tu familia íntima. No permitas que me quede «fuera», distraído por el ruido del mundo. Dame la gracia de escuchar tu Palabra y la valentía para ponerla en práctica en los detalles de hoy, para poder decir con alegría que soy tu hermano. Amén.

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