Epifanía del Señor: la luz que guía a quien busca de corazón

La Epifanía del Señor nos invita a contemplar un misterio profundamente humano y divino a la vez: Dios que se deja encontrar por quienes lo buscan con corazón sincero. Los Magos, extranjeros y sabios, representan a toda la humanidad en camino, guiada por una luz que no domina, pero orienta; que no impone, pero atrae. En este domingo, la Palabra nos recuerda que la fe no es posesión de unos pocos, sino don ofrecido a todos, sin fronteras ni privilegios.

La liturgia de hoy habla de luz, de promesa cumplida y de esperanza abierta. Isaías proclama una Jerusalén iluminada por la gloria de Dios; san Pablo nos recuerda que el plan de salvación es universal; y el Evangelio nos presenta a unos hombres que, sin pertenecer al pueblo elegido, reconocen al Rey verdadero y se postran ante Él.

En un mundo marcado por la prisa, el ruido y la autosuficiencia, la Epifanía nos propone otro camino: el de la búsqueda paciente, la adoración sincera y la capacidad de cambiar de rumbo cuando nos encontramos con Dios. Hoy no solo celebramos que Cristo se manifiesta, sino que también nosotros somos llamados a dejarnos iluminar y a convertirnos en luz para los demás.


Primera Lectura

La gloria del Señor amanece sobre ti

Isaías 60, 1-6

Levántate y resplandece, porque llega tu luz;
la gloria del Señor amanece sobre ti.
Mira: las tinieblas cubren la tierra,
la oscuridad los pueblos,
pero sobre ti amanecerá el Señor,
sobre ti aparecerá su gloria.

Caminarán las naciones a tu luz,
los reyes al resplandor de tu aurora.
Levanta la vista en torno, y mira:
todos se reúnen, vienen a ti;
tus hijos llegan de lejos,
a tus hijas las traen en brazos.

Entonces lo verás radiante de alegría;
tu corazón se agitará y se ensanchará,
porque la abundancia del mar se volcará sobre ti,
la riqueza de las naciones vendrá a ti.
Te inundará una multitud de camellos,
dromedarios de Madián y de Efá;
vienen todos de Saba,
trayendo oro e incienso,
y proclamando las alabanzas del Señor.


Salmo Responsorial

Salmo 71 (72)

R. Se postrarán ante ti, Señor, todos los reyes de la tierra.

Dios mío, confía tu juicio al rey,
tu justicia al hijo de reyes,
para que rija a tu pueblo con justicia,
a tus humildes con rectitud.

Que en sus días florezca la justicia
y la paz abunde eternamente.
Que domine de mar a mar,
desde el Gran Río hasta el confín de la tierra.

Los reyes de Tarsis y de las islas traerán tributos.
Los reyes de Arabia y de Saba ofrecerán dones;
postrarán ante él todos los reyes,
y todas las naciones le servirán.


Santo Evangelio

Mateo 2, 1-12

Jesús nació en Belén de Judea en tiempos del rey Herodes.
Unos Magos de Oriente se presentaron en Jerusalén preguntando:
«¿Dónde está el Rey de los judíos que ha nacido?
Porque hemos visto salir su estrella y venimos a adorarlo».

Al enterarse el rey Herodes, se sobresaltó,
y toda Jerusalén con él;
convocó a los sumos sacerdotes y a los escribas del pueblo,
y les preguntó dónde tenía que nacer el Mesías.

Ellos le contestaron:
«En Belén de Judea, porque así lo ha escrito el profeta».

Entonces Herodes llamó en secreto a los Magos
para que le precisaran el tiempo en que había aparecido la estrella,
y los mandó a Belén, diciéndoles:
«Id y averiguad cuidadosamente qué hay del niño,
y cuando lo encontréis, avisadme,
para ir yo también a adorarlo».

Ellos, después de oír al rey, se pusieron en camino,
y la estrella que habían visto salir
se les adelantaba hasta que se detuvo
encima de donde estaba el niño.

Al ver la estrella, se llenaron de inmensa alegría.
Entraron en la casa,
vieron al niño con María, su madre,
y cayendo de rodillas lo adoraron.
Después, abriendo sus cofres,
le ofrecieron regalos: oro, incienso y mirra.

Y habiendo recibido en sueños un aviso
para que no volvieran a Herodes,
se retiraron a su tierra por otro camino.


Reflexión para hoy 04 de enero

La Epifanía nos presenta una escena profundamente reveladora: Dios no se manifiesta primero a los poderosos ni a los instalados, sino a los que buscan. Los Magos no tienen certezas absolutas, solo una estrella y un corazón inquieto. Y eso basta para ponerse en camino.

Este Evangelio nos recuerda que la fe auténtica no es comodidad, sino movimiento. Los Magos salen de su tierra, atraviesan dudas, se equivocan de palacio, pero no abandonan la búsqueda. Y cuando encuentran a Jesús, no encuentran grandeza externa, sino fragilidad: un niño. Sin embargo, saben reconocer lo esencial y se postran ante Él.

Hoy también nosotros buscamos luces que orienten nuestra vida. A veces miramos al lugar equivocado, como los Magos en Jerusalén, esperando respuestas donde solo hay poder, miedo o intereses ocultos. Pero Dios sigue manifestándose en lo sencillo, en lo cotidiano, en lo pequeño.

La Epifanía nos lanza una pregunta directa: ¿qué regalos llevo yo ante Cristo? No oro, incienso o mirra, sino mi tiempo, mis decisiones, mis miedos, mis talentos. Y nos invita, además, a hacer lo mismo que los Magos: volver por otro camino. Porque encontrarse con Jesús siempre transforma la ruta de nuestra vida.

Que esta luz no se quede solo en nosotros. Que sepamos reflejarla con gestos concretos, siendo estrella humilde para quienes caminan en la oscuridad.

Señor, enséñanos a buscarte con corazón sincero,
a reconocerte en lo sencillo

y a dejarnos transformar por tu luz.

Amén.
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