El Evangelio de hoy nos pone ante una frase decisiva: “Miren, el Cordero de Dios”. Juan Bautista no ofrece teorías, sino que señala a Jesús y revela su misión: quitar el pecado del mundo. En estos días de Navidad, la Iglesia nos recuerda que Dios no solo viene a acompañarnos; viene a sanar lo más profundo. Jesús carga con lo que nos rompe por dentro y abre un camino nuevo para vivir en libertad.
Juan también nos enseña el estilo del verdadero discípulo: no busca protagonismo, sino que da testimonio. En una cultura donde todo empuja a la autopromoción, este pasaje invita a volver a lo esencial: mirar a Cristo, reconocer lo que necesitamos que Él transforme y aprender a señalarlo con la vida. Comenzar el año así cambia la perspectiva: menos apariencia, más verdad; menos “yo”, más “Él”.
La propuesta es sencilla y concreta: dedicar un momento diario a mirar a Jesús, ponerle nombre a lo que pesa (culpas, rencores, miedos) y dar un testimonio real con gestos de paz, perdón y servicio. El Cordero de Dios sigue quitando el pecado del mundo, también hoy.
Primera Lectura
Lectura de la primera carta del apóstol san Juan
1 Juan 2, 29—3, 6
29 Si sabéis que él es justo, sabed también que todo el que hace justicia es nacido de él.
3, 1 Mirad cuál amor nos ha dado el Padre, para que seamos llamados hijos de Dios; por esto el mundo no nos conoce, porque no le conoció a él.
2 Amados, ahora somos hijos de Dios, y aún no se ha manifestado lo que hemos de ser; pero sabemos que cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque le veremos tal como él es.
3 Y todo aquel que tiene esta esperanza en él, se purifica a sí mismo, así como él es puro.
4 Todo aquel que comete pecado, infringe también la ley; pues el pecado es infracción de la ley.
5 Y sabéis que él apareció para quitar nuestros pecados, y no hay pecado en él.
6 Todo aquel que permanece en él, no peca; todo aquel que peca, no le ha visto, ni le ha conocido.
Salmo Responsorial
Salmo 97(98)
R. Los confines de la tierra han contemplado la salvación de nuestro Dios.
1 Cantad al Señor cántico nuevo,
porque ha hecho maravillas;
su diestra lo ha salvado,
y su santo brazo.
2 El Señor ha hecho notoria su salvación;
a vista de las naciones ha descubierto su justicia.
3 Se ha acordado de su misericordia y de su fidelidad para con la casa de Israel;
todos los términos de la tierra han visto la salvación de nuestro Dios. (R.)
4 Cantad alegres al Señor, toda la tierra;
levantad la voz, y aplaudid, y cantad salmos.
5 Cantad salmos al Señor con arpa;
con arpa y voz de cántico.
6 Aclamad con trompetas y sonidos de bocina,
delante del Rey, el Señor. (R.)
7 Brame el mar y su plenitud,
el mundo y los que en él habitan;
8 Los ríos batan las manos,
los montes todos hagan regocijo
9 Delante del Señor, porque vino a juzgar la tierra.
Juzgará al mundo con justicia,
y a los pueblos con rectitud. (R.)
Santo Evangelio
Juan 1, 29-34
29 Al día siguiente vio a Jesús venir hacia él y dijo: «Miren, el Cordero de Dios, el que quita el pecado del mundo.
30 Éste es de quien yo decía: Detrás de mí viene un hombre que se ha puesto delante de mí, porque existía antes que yo.
31 Yo no lo conocía; pero para que él se manifestara a Israel vine yo bautizando con agua».
32 Y Juan dio este testimonio: «He contemplado al Espíritu bajar del cielo como una paloma y posarse sobre él.
33 Yo no lo conocía; pero el que me envió a bautizar con agua me dijo: Sobre quien veas descender el Espíritu y posarse sobre él, ése es el que bautiza con Espíritu Santo.
34 Yo lo he visto y he dado testimonio de que éste es el Hijo de Dios».
Reflexión para hoy
Hay frases que te cambian la mirada. Juan Bautista no se queda en teorías: señala a una Persona y pronuncia un nombre para la esperanza de todos: “Miren, el Cordero de Dios”. En plena Navidad, la Iglesia nos recuerda que Jesús no vino solo a acompañarnos, sino a quitar el pecado del mundo. Eso significa que Dios no se limita a “entendernos”: entra hasta el fondo de nuestras heridas para sanarlas.
Juan, además, nos enseña el estilo del discípulo: no se pone en el centro. Él podría haber buscado aplausos, seguidores, influencia… pero elige la humildad de quien dice: “Yo lo he visto y doy testimonio”. En un mundo donde todo invita a la autopromoción (redes, métricas, imagen), este Evangelio propone otra lógica: ser testigos, no protagonistas.
Para empezar este nuevo año con el corazón en su sitio, puede ayudar:
- Mirar a Jesús cada día (aunque sea 2 minutos de silencio): “Señor, aquí estoy”.
- Nombrar con sinceridad lo que pesa (culpas, rencores, hábitos): Él “quita” el pecado, no lo maquilla.
- Señalarlo con la vida: una palabra de paz, un perdón pendiente, una ayuda concreta. (Puedes inspirarte en Tiempo de Navidad).
Oración: Señor Jesús, Cordero de Dios, limpia lo que en mí oscurece tu luz. Hazme humilde como Juan para no vivir de mí mismo, sino para llevar a otros hacia Ti. Amén.