Ser sal y luz: un compromiso que nace del corazón y se hace obra

En las lecturas de hoy, Jesús nos lanza un desafío que define nuestra identidad cristiana: «Vosotros sois la sal de la tierra y la luz del mundo». No es una sugerencia, es una realidad que emana de nuestra unión con Él. Pero esta luz no brilla por palabras vacías, sino que, como nos recuerda Isaías, surge de la justicia, de compartir el pan con el hambriento y hospedar al pobre. Una invitación a dar sabor a la vida y a iluminar las oscuridades de nuestro tiempo a través de la caridad verdadera.