Perder el miedo para amar de verdad: Jesús camina sobre nuestras tormentas

El Evangelio de hoy nos traslada a la fragilidad de una barca en medio de la noche. Los discípulos, agotados de remar contra un viento contrario, experimentan el miedo ante lo desconocido cuando ven a Jesús caminar sobre las aguas. «Ánimo, soy yo, no tengáis miedo», les dice el Señor. Esta escena es un reflejo de nuestras propias luchas diarias: esos momentos donde el cansancio y la incertidumbre nos hacen ver «fantasmas» donde en realidad está Dios. La primera lectura nos da la clave para entender este misterio: el amor perfecto expulsa el temor. Si Dios es amor y permanece en nosotros, no hay tormenta que pueda hundir nuestra confianza. ¿Qué vientos contrarios te impiden hoy reconocer la presencia de Jesús en tu vida?


Evangelio del día 09 de enero de 2026

Primera Lectura

Lectura de la primera carta del apóstol san Juan

[1 Juan 4, 11-18]

Queridos hermanos: Si Dios nos amó de esta manera, también nosotros debemos amarnos unos a otros. A Dios nadie lo ha visto nunca. Si nos amamos unos a otros, Dios permanece en nosotros y su amor ha llegado en nosotros a su plenitud. En esto conocemos que permanecemos en él y él en nosotros: en que nos ha dado de su Espíritu.

Y nosotros hemos visto y damos testimonio de que el Padre envió a su Hijo para ser Salvador del mundo. Quien confiese que Jesús es el Hijo de Dios, Dios permanece en él y él en Dios. Y nosotros hemos conocido el amor que Dios nos tiene y hemos creído en él.

Dios es amor, y quien permanece en el amor permanece en Dios y Dios en él. En esto ha llegado el amor a su plenitud con nosotros: en que tengamos confianza en el día del juicio, pues como es él, así somos nosotros en este mundo. No hay temor en el amor, sino que el amor perfecto expulsa el temor, porque el temor mira el castigo; quien teme no ha llegado a la plenitud en el amor.


Salmo Responsorial

[Salmo 71, 1-2. 10-11. 12-13]

R/. Se postrarán ante ti, Señor, todos los pueblos de la tierra.

Dios mío, confía tu juicio al rey, tu justicia al hijo de reyes, para que rija a tu pueblo con justicia, a tus humildes con rectitud. R/.

Los reyes de Tarsis y de las islas le paguen tributo. Los reyes de Saba y de Arabia le ofrezcan sus dones; póstrense ante él todos los reyes, y sírvanle todos los pueblos. R/.

Él librará al pobre que clamaba, al afligido que no tenía protector; él se apiadará del pobre y del indigente, y salvará la vida de los pobres. R/.


Santo Evangelio

Lectura del santo Evangelio según san Marcos

[Marcos 6, 45-52]

Después de la multiplicación de los panes, Jesús enseguida apremió a los discípulos a que subieran a la barca y se le adelantaran hacia la otra orilla, hacia Betsaida, mientras él despedía a la gente. Y después de despedirse de ellos, se retiró al monte a orar.

Llegada la noche, la barca estaba en mitad del mar y Jesús, solo, en tierra. Viéndolos fatigados de remar, porque tenían viento contrario, a eso de la cuarta vigilia de la madrugada, fue hacia ellos andando sobre el mar, e hizo ademán de pasar de largo. Ellos, viéndolo andar sobre el mar, pensaron que era un fantasma y dieron un grito, porque todos lo vieron y se asustaron.

Pero él habló enseguida con ellos y les dijo: «Ánimo, soy yo, no tengáis miedo». Entró en la barca con ellos y amainó el viento. Ellos estaban en el colmo del estupor, pues no habían comprendido lo de los panes, porque tenían la mente embotada.


Reflexión para hoy

La liturgia de hoy nos ofrece un contraste fascinante: la serenidad de la oración de Jesús en el monte frente a la agitación de los discípulos en el mar. Tras el milagro de los panes, los discípulos aún tienen la «mente embotada»; no han terminado de asimilar quién es realmente Jesús. Por eso, cuando lo ven caminar sobre las aguas, su primer impulso es el miedo.

En nuestra cultura actual, el miedo es una constante: miedo al futuro, a la enfermedad, a no dar la talla o al juicio de los demás. San Juan nos recuerda en la primera lectura que el antídoto contra ese miedo no es la seguridad material, sino el Amor. Cuando descubrimos que somos profundamente amados por Dios, el temor al «castigo» o al fracaso desaparece. El miedo nos bloquea y nos hace ver fantasmas, mientras que el amor nos libera para remar con esperanza, incluso con el viento en contra.

La aplicación práctica para hoy es aprender a identificar la voz de Jesús en medio de nuestras crisis. Él no siempre calma la tormenta inmediatamente, pero siempre sube a nuestra barca. ¿Qué situación te está quitando la paz hoy? Escucha ese «Ánimo, soy yo» en el silencio de tu oración. Cuando dejamos que Jesús entre en nuestras dificultades, el viento amaina no porque el problema desaparezca, sino porque ya no lo enfrentamos solos.

Señor Jesús, gracias por venir a nuestro encuentro cuando estamos cansados de remar. Danos la fe necesaria para no confundirte con un fantasma y la confianza para saber que, contigo en la barca, llegaremos a puerto seguro. Expulsa de nuestro corazón todo temor que nos impida amar.
Amén.

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San Conrado de Piacenza
Eremita franciscano. Tras causar un incendio accidentalmente, dio su fortuna a los pobres y se retiró al desierto.

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