Hoy la Palabra nos regala una clave para comenzar el año con el corazón centrado: permanecer en Cristo y aprender la humildad de Juan el Bautista. En la primera lectura (1 Jn 2, 22-28), san Juan nos advierte contra el engaño y nos invita a guardar lo que hemos recibido “desde el principio”: la fe viva en Jesús, el Hijo, y la certeza de su promesa, la vida eterna.
El salmo nos hace cantar con alegría porque la salvación de Dios no es un rumor lejano: “los confines de la tierra han contemplado” su victoria. Y el Evangelio (Jn 1, 19-28) nos muestra a Juan respondiendo con claridad: “Yo no soy el Mesías… yo soy la voz…”. Su testimonio nos despierta: Dios está cerca, “en medio de ustedes”, aunque no siempre lo reconozcamos.
Esta reflexión nos anima a dejar el protagonismo, a vivir como testigos y a preparar el camino del Señor en lo cotidiano: con una decisión honesta, una palabra de paz, una oración breve pero sincera. Porque cuando Cristo ocupa el centro, todo lo demás encuentra su lugar.
Primera Lectura
Lectura de la primera carta del apóstol san Juan
1 Juan 2, 22-28
22 ¿Quién es el mentiroso, sino el que niega que Jesús es el Cristo? Éste es anticristo, el que niega al Padre y al Hijo.
23 Todo aquel que niega al Hijo, tampoco tiene al Padre. El que confiesa al Hijo, tiene también al Padre.
24 Lo que habéis oído desde el principio, permanezca en vosotros. Si lo que habéis oído desde el principio permanece en vosotros, también vosotros permaneceréis en el Hijo y en el Padre.
25 Y ésta es la promesa que él nos hizo: la vida eterna.
26 Os he escrito esto sobre los que os engañan.
27 Pero la unción que vosotros recibisteis de él permanece en vosotros, y no tenéis necesidad de que nadie os enseñe; así como la unción misma os enseña todas las cosas, y es verdadera, y no es mentira, según ella os ha enseñado, permaneced en él.
28 Y ahora, hijitos, permaneced en él, para que cuando se manifieste, tengamos confianza, para que en su venida no nos alejemos de él avergonzados.
Salmo Responsorial
Salmo 97 (98), 1-2.3c-4
R. Los confines de la tierra han contemplado la salvación de nuestro Dios.
1 Cantad a Jehová cántico nuevo,
porque ha hecho maravillas;
su diestra lo ha salvado,
y su santo brazo.
2 Jehová ha hecho notoria su salvación;
a vista de las naciones ha descubierto su justicia.
3 Se ha acordado de su misericordia y de su verdad
para con la casa de Israel;
todos los términos de la tierra han visto la salvación de nuestro Dios.
4 Cantad alegres a Jehová, toda la tierra;
levantad la voz, y aplaudid, y cantad salmos.
Santo Evangelio
Juan 1, 19-28
19 Éste es el testimonio de Juan, cuando los judíos le enviaron desde Jerusalén sacerdotes y levitas para preguntarle: «¿Quién eres tú?».
20 Él confesó y no negó; confesó: «Yo no soy el Mesías».
21 Y le preguntaron: «¿Qué entonces? ¿Eres Elías?». Él dijo: «No lo soy». «¿Eres el Profeta?». Respondió: «No».
22 Y le dijeron: «¿Quién eres, para que podamos dar respuesta a los que nos han enviado? ¿Qué dices de ti mismo?».
23 Él dijo: «Yo soy la voz del que grita en el desierto: Enderecen el camino del Señor», como dijo el profeta Isaías.
24 Los enviados eran fariseos.
25 Y le preguntaron: «Entonces, ¿por qué bautizas, si no eres el Mesías, ni Elías, ni el Profeta?».
26 Juan les respondió: «Yo bautizo con agua; en medio de ustedes hay uno que no conocen,
27 el que viene detrás de mí, a quien yo no soy digno de desatarle la correa de la sandalia».
28 Esto pasó en Betania, al otro lado del Jordán, donde Juan estaba bautizando.
Reflexión para hoy
Hay una libertad enorme en las palabras de Juan: “Yo no soy”. No se agarra a ningún título, no se apropia del foco, no se inventa un personaje para gustar. Juan sabe quién es… y también sabe quién no es. Y, desde esa humildad luminosa, apunta con el dedo a lo esencial: “En medio de ustedes hay uno que no conocen”. A veces buscamos a Dios como si estuviera lejos, cuando el Evangelio insiste en lo contrario: Dios ya está en medio, caminando en lo cotidiano, tocando nuestra historia con discreción.
En un mundo que nos empuja a demostrar, a destacar, a “vendernos”, Juan nos enseña otra manera de vivir: ser testigos, no protagonistas. Preparar el camino es abrir espacio para que Cristo pase: en una conversación sin ironía, en una decisión honesta, en un perdón que cuesta, en un silencio que no huye, sino que escucha. Tal vez hoy el Señor te pide algo sencillo y valiente: bajar el volumen del ego y subir el volumen de la fe. Como dice la primera lectura, permanezcan en Él: no es solo “creer”, es habitar en Jesús cuando llegan las dudas, las prisas y los engaños.
Haz una pequeña “carretera” para Dios este día: ordena una prioridad, reza dos minutos con el Evangelio, o visita este rincón de oración y entrégale tu jornada.
Señor Jesús, Tú estás en medio de nosotros. Abre mis ojos para reconocerte, y hazme humilde como Juan para señalarte con mi vida. Amén.