En la liturgia de este 29 de enero, nos adentramos en el mensaje de la luz y la transparencia del corazón. El Evangelio de Marcos nos recuerda que la Palabra de Dios no se nos da para ser ocultada, sino para que brille en nuestras acciones cotidianas. ¿Estamos permitiendo que la luz de la fe disipe las sombras de nuestra vida, o la escondemos bajo el «celemín» de nuestras conveniencias? Una invitación a vivir con integridad y a ser reflejos de la verdad en un mundo sediento de autenticidad.
Evangelio del día 29 de enero 2026
Primera Lectura
Lectura de la carta a los Hebreos
Hebreos 10, 19-25
Hermanos, puesto que tenemos plena libertad para entrar en el santuario por medio de la sangre de Jesús, por el camino nuevo y vivo que él nos abrió a través del velo, es decir, de su carne, y teniendo un gran sacerdote sobre la casa de Dios, acerquémonos con corazón sincero, en plena certeza de fe, purificados los corazones de mala conciencia y lavados los cuerpos con agua pura.
Mantengamos firme, sin fluctuar, la profesión de nuestra esperanza, porque fiel es el que prometió. Y considerémonos unos a otros para estimularnos al amor y a las buenas obras; no dejando de reunirnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos; y tanto más, cuanto veis que aquel día se acerca.
Salmo Responsorial
Salmo 24 (23)
R/. Esta es la generación que busca tu rostro, Señor.
Del Señor es la tierra y cuanto la llena, el orbe y todos sus habitantes: él la fundó sobre los mares, él la afianzó sobre los ríos. R/.
¿Quién puede subir al monte del Señor? ¿Quién puede estar en el recinto sacro? El hombre de manos inocentes y puro corazón, que no confía en los ídolos. R/.
Ese recibirá la bendición del Señor, le hará justicia el Dios de su salvación. Esta es la generación que busca al Señor, que busca tu rostro, Dios de Jacob. R/.
Santo Evangelio
Lectura del santo Evangelio según san Marcos
Marcos 4, 21-25
En aquel tiempo, Jesús decía a la muchedumbre: «¿Se trae la lámpara para meterla debajo del celemín o debajo de la cama? ¿No es para ponerla en el candelero? Porque no hay nada oculto que no deba ser descubierto; ni nada escondido que no deba salir a la luz. El que tenga oídos para oír, que oiga».
Les decía también: «Atended a lo que estáis oyendo. La medida que uséis la usarán con vosotros, y con creces. Porque al que tiene se le dará y al que no tiene se le quitará hasta lo que tiene».
Reflexión para hoy
El mensaje de Jesús hoy es de una claridad meridiana: la fe es esencialmente pública y transformadora. Teológicamente, la «lámpara» representa la revelación del Reino que Jesús trae al mundo. No es un secreto místico para unos pocos elegidos, sino una luz destinada a iluminar toda la casa, es decir, toda la existencia humana. La advertencia sobre lo oculto nos recuerda que, ante Dios, nuestras intenciones son transparentes; la coherencia de vida es la mejor forma de dar culto al Padre.
En nuestra vida moderna, a menudo caemos en la tentación de privatizar nuestra fe. La dejamos para el domingo o para la intimidad del hogar, pero la escondemos bajo el «celemín» de lo políticamente correcto cuando estamos en el trabajo o con amigos. Jesús nos desafía a ser lámparas encendidas allí donde haya oscuridad: en la falta de ética, en el desánimo o en la injusticia. Poner la lámpara en el candelero significa dejar que nuestros valores cristianos impregnen nuestras decisiones profesionales y nuestras relaciones sociales.
Finalmente, la frase sobre la «medida» es una llamada a la generosidad espiritual. Cuanto más nos abrimos a escuchar y poner en práctica la Palabra, más capacidad recibimos para comprenderla. Si nos cerramos y nos volvemos tacaños con nuestra entrega, corremos el riesgo de perder incluso la poca claridad que teníamos. La vida cristiana es un flujo constante: si damos luz, recibiremos más luz.
Señor, gracias por ser la luz que guía mis pasos. No permitas que el miedo o la comodidad apaguen mi testimonio. Que mi vida sea un candelero sencillo pero fiel, que ayude a otros a encontrar el camino hacia Ti.
Amén.