En este día, la liturgia nos invita a contemplar la valentía del testimonio cristiano y la misión incansable de Jesús. A través de la memoria de San Pablo Miki y sus compañeros mártires, recordamos que la fe no es un concepto abstracto, sino una fuerza viva capaz de sostenernos incluso en la prueba máxima. El Evangelio nos muestra a un Cristo que no se guarda para sí, sino que recorre las aldeas llevando alivio y esperanza, recordándonos que somos llamados a ser instrumentos de sanación en medio de un mundo sediento de amor y coherencia.
Evangelio del día 06 de febrero 2026
Primera Lectura
El testimonio de los mártires
Eclesiástico 44, 1. 10-15
Hagamos el elogio de los hombres de bien, nuestros antepasados. Pero estos fueron hombres de bien, cuyas obras de justicia no han sido olvidadas. Su prosperidad perdura en su linaje, su herencia pasa a sus hijos.
Su linaje se mantiene fiel a la alianza, y sus hijos gracias a ellos. Su linaje permanece para siempre, y su gloria no se borrará. Sus cuerpos fueron sepultados en paz, y su nombre vive por generaciones. Los pueblos proclaman su sabiduría, y la asamblea celebra su alabanza.
Salmo Responsorial
Salmo 125
R. El Señor ha estado grande con nosotros, y estamos alegres.
Cuando el Señor cambió la suerte de Sión, nos parecía soñar: la boca se nos llenaba de risas, la lengua de cantares. R.
Hasta los gentiles decían: «El Señor ha estado grande con ellos.» El Señor ha estado grande con nosotros, y estamos alegres. R.
Santo Evangelio
Misión de los Doce y la compasión de Jesús
Marcos 6, 7-13
En aquel tiempo, llamó Jesús a los Doce y comenzó a enviarlos de dos en dos, dándoles autoridad sobre los espíritus inmundos. Les ordenó que no llevaran nada para el camino, fuera de un bastón: ni pan, ni alforja, ni dinero en el cinturón; que calzaran sandalias, pero que no llevaran dos túnicas.
Y les decía: «Dondequiera que entréis en una casa, quedaos en ella hasta que salgáis de aquel lugar. Y si en algún lugar no os reciben ni os escuchan, al salir de allí sacudid el polvo de la planta de vuestros pies como testimonio contra ellos».
Ellos salieron a predicar la conversión, expulsaban a muchos demonios, y ungían con aceite a muchos enfermos y los sanaban.
Reflexión para hoy
La liturgia de hoy, en la que celebramos la memoria de San Pablo Miki y sus compañeros, nos pone frente a un espejo de coherencia radical. El pasaje de Marcos nos detalla las instrucciones de Jesús para la misión: ligereza de equipaje y confianza absoluta. En un mundo donde a menudo medimos nuestro éxito por la cantidad de «seguridades» que acumulamos —dinero, estatus, planes B—, el Señor nos pide caminar solo con un bastón y sandalias.
Este «ir de dos en dos» no es una sugerencia estratégica, sino una enseñanza sobre la comunidad. La fe se vive y se contagia en el compartir. Los mártires de Japón no murieron solos; se sostuvieron unos a otros en la fe. Hoy, nuestra misión quizás no sea el martirio de sangre, pero sí el martirio de la cotidianidad: ser honestos donde todos mienten, ser compasivos donde reina la indiferencia y llevar esa «unción» que sana las heridas del alma de quienes nos rodean.
La aplicación práctica para nosotros hoy es clara: ¿Qué sobra en mi alforja? Quizás es el rencor, el miedo al qué dirán o la excesiva preocupación por el futuro. Jesús nos invita a confiar en que, si llevamos su mensaje, Él proveerá lo necesario.
Oración: Señor, danos la valentía de los mártires para no avergonzarnos de tu Evangelio. Ayúdanos a caminar ligeros, confiando solo en tu Gracia, para ser manos que sanan y voces que anuncian tu Reino.
Amén.