La fe que derriba fronteras: El encuentro que lo cambió todo

En el Evangelio de hoy, nos encontramos con un relato conmovedor y revolucionario. Jesús, en tierras de Tiro y Sidón, se encuentra con una mujer que, a pesar de no pertenecer al pueblo de Israel, nos da una lección de humildad y perseverancia. Este encuentro no solo sana a una niña, sino que nos invita a reflexionar sobre la universalidad del amor de Dios y cómo nuestra fe puede abrir puertas donde solo vemos muros. Acompáñanos en esta meditación sobre la confianza inquebrantable y la misericordia que no conoce límites.


Evangelio del día 12 de febrero de 2026

Primera Lectura

El corazón de Salomón se desvía del Señor

1 Reyes 11, 4-13

Cuando Salomón llegó a la vejez, sus mujeres inclinaron su corazón hacia otros dioses, y su corazón ya no perteneció por entero al Señor, su Dios, como el corazón de David, su padre. Salomón siguió a Astarté, diosa de los sidonios, y a Milcom, el ídolo abominable de los amonitas. Así, Salomón hizo lo que es malo a los ojos del Señor y no se mantuvo fiel a Él como lo había sido David, su padre.

Entonces Salomón edificó un lugar de culto para Camós, el ídolo de Moab, en el monte situado frente a Jerusalén, y otro para Milcom, el ídolo de los amonitas. Lo mismo hizo por todas sus mujeres extranjeras, que quemaban incienso y ofrecían sacrificios a sus dioses.

El Señor se indignó contra Salomón porque su corazón se había apartado del Señor, Dios de Israel, que se le había aparecido dos veces y le había prohibido seguir a otros dioses; pero Salomón no obedeció el mandato del Señor. Entonces el Señor le dijo: «Ya que te has comportado de esta manera y no has guardado mi pacto ni los preceptos que te ordené, te voy a quitar el reino de las manos para dárselo a uno de tus servidores. Sin embargo, por amor a tu padre David, no lo haré mientras vivas; lo arrancaré de la mano de tu hijo. Pero no le quitaré todo el reino; le dejaré una tribu a tu hijo, en atención a mi siervo David y a Jerusalén, la ciudad que he elegido».


Salmo Responsorial

Salmo 105, 3-4. 35-36. 37 y 40

R/. Acuérdate de mí, Señor, por amor a tu pueblo.

Dichosos los que guardan el derecho y practican siempre la justicia. Acuérdate de mí, Señor, por el amor que tienes a tu pueblo; visítame con tu salvación. R/.

Se mezclaron con las naciones paganas e imitaron sus costumbres; rindieron culto a sus ídolos, que se convirtieron en una trampa para ellos. R/.

Inmolaron a sus propios hijos y a sus hijas a los demonios. La ira del Señor se encendió contra su pueblo y llegó a aborrecer su propia heredad. R/.


Santo Evangelio

La fe de la mujer sirofenicia

Marcos 7, 24-30

En aquel tiempo, Jesús partió de allí y se fue a la región de Tiro. Entró en una casa y no quería que nadie lo supiera, pero no pudo pasar inadvertido. Muy pronto, una mujer cuya hija tenía un espíritu impuro se enteró de su llegada, fue y se echó a sus pies. La mujer era pagana, de origen sirofenicio, y le rogaba que expulsara al demonio de su hija.

Jesús le dijo: «Deja que primero se sacien los hijos, porque no está bien quitarles el pan a los hijos para echárselo a los perritos». Pero ella le respondió: «Señor, pero también los perritos, debajo de la mesa, comen las migas que dejan caer los niños».

Entonces Jesús le contestó: «Por esto que has dicho, puedes irte; el demonio ya ha salido de tu hija». Al llegar a su casa, la mujer encontró a la niña acostada en la cama y que el demonio se había marchado.


Reflexión para hoy

La liturgia de este día nos presenta un contraste profundo entre la fragilidad de la fidelidad humana y la fuerza de la fe humilde. Por un lado, vemos a Salomón, el hombre a quien Dios dotó de una sabiduría excepcional, permitiendo que su corazón se disperse y se aleje de la Fuente de la Vida. Por otro, en el Evangelio, aparece una mujer anónima, extranjera y pagana, cuya fe es capaz de conmover el corazón del mismo Dios.

La idea teológica central es la universalidad de la salvación. Jesús, al interactuar con la mujer sirofenicia, derriba las fronteras religiosas y culturales de su tiempo. Aunque inicialmente plantea la prioridad de la misión hacia Israel, la respuesta de la mujer revela una verdad profunda: la misericordia de Dios no conoce límites. Ella no reclama derechos; se sitúa en la humildad de quien sabe que incluso una «migaja» de la gracia divina es suficiente para transformar su realidad.

En nuestra vida moderna, a menudo nos parecemos a Salomón: tenemos recursos, formación y «sabiduría», pero permitimos que los «ídolos» del éxito, el consumo o la comodidad desvíen nuestro corazón de lo esencial. El ejemplo de la mujer sirofenicia nos desafía a vivir una fe audaz y persistente. ¿Cuántas veces nos rendimos ante el primer «no» o ante la sensación de que Dios está lejos? Ella nos enseña que la oración no es una transacción basada en méritos, sino un grito de confianza desde nuestra propia vulnerabilidad. Ser «cristianos de migajas» significa reconocer que todo es don y que nuestra mayor fortaleza reside en nuestra capacidad de confiar plenamente en que el Amor siempre encuentra un camino.

Señor, danos un corazón que no se disperse en las distracciones del mundo, sino que permanezca fiel a Ti. Como la mujer del Evangelio, enséñanos a perseverar en la fe, sabiendo que tu mesa está siempre abierta para todos y que tu amor es la medicina que sana nuestras heridas.
Amén.

WhatsApp
Facebook
Twitter
LinkedIn
Telegram

Santoral de hoy · 20 de Febrero

San Francisco Marto y Santa Jacinta
Los videntes más pequeños de Fátima. Modelos de oración y sacrificio por la conversión de los pecadores.

Calendario de Evangelios

«

Febrero 2026

»
L
M
X
J
V
S
D
1
2345678910111213141516171819
20
21
22
23
24
25
26
27
28

El Equipo de Curación

Detrás de este portal hay un pequeño equipo de laicos comprometidos con una misión sencilla: hacer que la Palabra de Dios sea accesible y comprensible en el mundo digital. No somos teólogos, sino creyentes como tú. Seleccionamos y cuidamos cada texto diariamente para asegurarnos de que recibes un alimento espiritual de calidad, fiel a la Iglesia pero cercano a tu realidad. Gracias por rezar con nosotros.