Perder el miedo para amar de verdad: Jesús camina sobre nuestras tormentas
El Evangelio de hoy nos traslada a la fragilidad de una barca en medio de la noche. Los discípulos, agotados de remar contra un viento contrario, experimentan el miedo ante lo desconocido cuando ven a Jesús caminar sobre las aguas. «Ánimo, soy yo, no tengáis miedo», les dice el Señor. Esta escena es un reflejo de nuestras propias luchas diarias: esos momentos donde el cansancio y la incertidumbre nos hacen ver «fantasmas» donde en realidad está Dios. La primera lectura nos da la clave para entender este misterio: el amor perfecto expulsa el temor. Si Dios es amor y permanece en nosotros, no hay tormenta que pueda hundir nuestra confianza. ¿Qué vientos contrarios te impiden hoy reconocer la presencia de Jesús en tu vida?
Multiplicar el amor: La compasión que sacia todas nuestras hambres
El Evangelio de hoy nos presenta a un Jesús profundamente conmovido por la multitud que lo busca, viéndolos como ovejas sin pastor. Ante la sugerencia de los discípulos de despedir a la gente para que busquen alimento, Jesús lanza un desafío radical: «Dadles vosotros de comer». Este relato no es solo un prodigio de multiplicación material, sino una lección sobre la generosidad y la compasión. Jesús nos enseña que, cuando ponemos lo poco que tenemos —nuestros «cinco panes y dos peces»— al servicio del prójimo y bajo la bendición de Dios, lo escaso se vuelve abundante. ¿Qué pequeños gestos de amor estamos dispuestos a entregar hoy para saciar el hambre de esperanza de quienes nos rodean?