Tras la imposición de la ceniza, la liturgia de este Jueves después de Ceniza nos sitúa ante una elección radical: el camino de la bendición o el de la maldición. Las lecturas de hoy, centradas en el Deuteronomio y el Evangelio de Lucas, nos recuerdan que seguir a Cristo no es un sentimiento pasajero, sino una decisión diaria. Jesús nos invita a negarse a sí mismo y cargar con la cruz cada jornada. No es una invitación al sufrimiento por el sufrimiento, sino una llamada a la libertad verdadera, esa que nace de perder la vida por amor para encontrarla transformada en Su Luz.
Evangelio del día 19 de febreror 26
Primera Lectura
Lectura del libro del Deuteronomio
Deuteronomio 30, 15-20
Moisés habló al pueblo diciendo: «Mira, hoy pongo delante de ti la vida y el bien, la muerte y el mal. Si escuchas los mandamientos del Señor, tu Dios, que yo te prescribo hoy, amando al Señor, tu Dios, siguiendo sus caminos y guardando sus preceptos, mandatos y decretos, vivirás y te multiplicarás; el Señor, tu Dios, te bendecirá en la tierra donde vas a entrar para poseerla.
Pero si tu corazón se aparta y no escuchas, si te dejas arrastrar y te postras ante otros dioses y los sirves, yo os declaro hoy que pereceréis sin remedio y que no viviréis muchos días en la tierra que vas a poseer al pasar el Jordán. Hoy pongo por testigos contra vosotros al cielo y a la tierra: te he puesto delante la vida y la muerte, la bendición y la maldición. Elige, pues, la vida, para que vivas tú y tu descendencia, amando al Señor, tu Dios, escuchando su voz y adhiriéndote a él».
Salmo Responsorial
Salmo 1
Dichoso el hombre que ha puesto su confianza en el Señor.
Dichoso el hombre que no sigue el consejo de los impíos, ni se detiene en el camino de los pecadores, ni se sienta en la reunión de los cínicos; sino que su gozo es la ley del Señor, y medita su ley día y noche.
Será como un árbol plantado al borde de la acequia: da fruto en su sazón y no se marchitan sus hojas; y cuanto emprende tiene buen fin.
No así los impíos, no así; serán paja que arrebata el viento. Porque el Señor protege el camino de los justos, pero el camino de los impíos acaba mal.
Santo Evangelio
Lectura del santo evangelio según san Lucas
Lucas 9, 22-25
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «El Hijo del hombre tiene que padecer mucho, ser desechado por los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, ser ejecutado y resucitar al tercer día».
Y decía a todos: «Si alguno quiere venir en pos de mí, que se niegue a sí mismo, tome su cruz cada día y me siga. Pues el que quiera salvar su vida la perderá; pero el que pierda su vida por mi causa la salvará. ¿De qué le sirve a uno ganar el mundo entero si se pierde o se destruye a sí mismo?».
Reflexión para hoy
La Cuaresma apenas comienza y la Palabra ya nos sitúa frente a una paradoja que sacude nuestra lógica moderna: para ganar, hay que perder. Jesús es extremadamente honesto con nosotros. No nos ofrece un camino de «bienestar» superficial, sino un camino de plenitud a través de la entrega.
La idea teológica central de hoy es el seguimiento radical. La cruz no es un adorno ni un peso ciego que cargamos por resignación; es la decisión consciente de no vivir para nuestro propio ego. En un mundo que nos grita constantemente que debemos «ganar el mundo entero» —acumulando seguidores, éxito material o confort absoluto—, Jesús nos hace la pregunta más incómoda de todas: ¿De qué te sirve si te pierdes a ti mismo?
En nuestra vida cotidiana, esto se traduce en elegir la bendición en las pequeñas cosas. Elegir la vida es elegir la paciencia cuando el estrés nos desborda; es elegir la honestidad cuando el atajo parece más fácil; es cargar con la cruz de nuestras responsabilidades y fragilidades con una sonrisa, confiando en que el «tercer día» (la Resurrección) siempre llega. Perder nuestra vida por Cristo es, en realidad, soltar las amarras que nos impiden volar hacia la verdadera felicidad.
Señor, hoy quiero elegir la vida. Dame la fuerza para tomar mi cruz cotidiana, esa que se esconde en el servicio a los demás y en la fidelidad a tu Palabra. Que no me deslumbre el brillo del mundo, sino que encuentre mi luz en tu seguimiento.
Amén.