La Cuaresma: Un viaje desde lo secreto del corazón hacia la Luz

Este Miércoles de Ceniza, la liturgia nos invita a inaugurar el tiempo de la Cuaresma no con gestos externos vacíos, sino con una verdadera conversión interior. A través de la profecía de Joel, el salmista y las palabras de Jesús en el Evangelio de Mateo, se nos recuerda que Dios habita en lo profundo y valora la sinceridad de un corazón que busca reconciliarse. Es un tiempo de gracia, un momento favorable para despojarnos de las apariencias y redescubrir nuestra fragilidad y nuestra necesidad de la misericordia divina, simbolizada en la ceniza que hoy recibimos.


Evangelio del día 18 de febreror 26

Primera Lectura

Lectura de la profecía de Joel

Joel 2, 12-18

«Todavía ahora —oráculo del Señor—, volved a mí de todo corazón, con ayuno, con llanto, con luto. Rasgad vuestros corazones y no vuestros vestidos; volved al Señor vuestro Dios, porque es compasivo y misericordioso, lento a la cólera, rico en piedad, y se arrepiente de las amenazas. Quizá se arrepienta y se compadezca, y deje detrás de sí su bendición, ofrenda y libación para el Señor vuestro Dios.

Tocad la trompeta en Sión, promulgad un ayuno santo, convocad a la asamblea, reunid al pueblo, santificad la reunión, juntad a los ancianos, congregad a los muchachos y a los niños de pecho. Salga el esposo de la alcoba y la esposa del tálamo. Entre el vestíbulo y el altar lloren los sacerdotes, ministros del Señor, y digan: “Perdona, Señor, a tu pueblo; no entregues tu heredad al oprobio, ni a las burlas de los pueblos. ¿Por qué van a decir las gentes: ‘¿Dónde está su Dios?’?” Y el Señor se llenó de celo por su tierra y perdonó a su pueblo».


Salmo Responsorial

Salmo 50

Misericordia, Señor, hemos pecado.

Por tu inmensa compasión y misericordia, Señor, apiádate de mí y olvida mis ofensas. Lávame bien de todos mis delitos, y purifícame de mis pecados.

Puesto que reconozco mis culpas, tengo siempre presentes mis pecados. Contra ti sólo pequé, Señor, haciendo lo que a tus ojos era malo.

Crea en mí, Señor, un corazón puro, un espíritu nuevo para cumplir tus mandamientos. No me arrojes, Señor, lejos de ti, ni retires de mí tu santo espíritu.

Devuélveme tu salvación, que regocija, y mantén en mí un alma generosa. Señor, abre mis labios, y cantará mi boca tu alabanza.


Santo Evangelio

Lectura del santo evangelio según san Mateo

Mateo 6, 1-6. 16-18

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Cuidad de no practicar vuestra justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos; de lo contrario no tenéis recompensa de vuestro Padre celestial. Por tanto, cuando des limosna, no vayas tocando la trompeta delante de ti, como hacen los hipócritas en las sinagogas y por las calles, con el fin de ser honrados por los hombres; en verdad os digo que ya han recibido su paga. Tú, en cambio, cuando des limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha; así tu limosna quedará en secreto y tu Padre, que ve en lo secreto, te lo pagará.

Cuando oréis, no seáis como los hipócritas, a quienes les gusta orar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las plazas, para que los vean los hombres. En verdad os digo que ya han recibido su paga. Tú, en cambio, cuando ores, entra en tu cuarto, cierra la puerta y ora a tu Padre, que está en lo secreto, y tu Padre, que ve en lo secreto, te lo pagará.

Cuando ayunéis, no pongáis cara triste, como los hipócritas que desfiguran sus rostros para hacer ver a los hombres que ayunan; en verdad os digo que ya han recibido su paga. Tú, en cambio, cuando ayunes, perfúmate la cabeza y lávate la cara, para que tu ayuno lo note, no los hombres, sino tu Padre, que está en lo escondido; y tu Padre, que ve en lo escondido, te recompensará».


Reflexión para hoy

Hoy, con el Miércoles de Ceniza, cruzamos el umbral de un tiempo sagrado: la Cuaresma. Las palabras de Jesús en el Evangelio de Mateo nos golpean con una fuerza especial en una era donde la visibilidad parece ser la medida de todas las cosas. Vivimos en la cultura del «escaparate», donde si algo no se publica, parece que no existe. Sin embargo, el Evangelio de hoy nos llama a todo lo contrario: a la interioridad.

La idea teológica central es la recompensa de la gratuidad ante el Padre. Dios no busca el espectáculo, sino el encuentro. La justicia, la oración y el ayuno no son herramientas de marketing espiritual para ganar prestigio social, sino cauces para que el corazón se purifique y se vuelva hacia lo único que realmente importa. El «cuarto interior» del que habla Jesús es ese santuario donde nadie nos ve, excepto Él. Allí es donde se gesta la verdadera conversión.

En nuestra vida moderna, aplicar esto significa desconectar del ruido de la aprobación externa. ¿Hago el bien para que me den un «like» o porque el amor me urge? ¿Mi oración es un refugio de paz o una lista de peticiones externas? Este tiempo nos invita a «lavarnos la cara», a sonreír incluso en el sacrificio, y a vivir la solidaridad (limosna) sin esperar que el mundo nos aplauda. Es el momento de cambiar el «postureo» por la autenticidad.

Señor Jesús, en este inicio de Cuaresma, enséñame a buscarte en lo escondido. Que mis manos se abran al prójimo sin ruido y mi corazón se rasgue ante tu amor. Que estas cenizas sean signo de un fuego nuevo que arda en mi interior.
Amén.

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